Lamentablemente ese es el problema de ser mujer, uno no está a gusto con NADA. Cuánta razón tuvo el individuo que dijo que no había que comprendernos, solamente amarnos, y todavía hay algunas que ni eso se merecen. Pinches enfermas. En fin, déjeme adelantarme e informarle que mi vida es regida por mis hormonas. No señores, no soy una calenturienta en busca de sexo. Las hormonas son esas malditas desgraciadas encargadas de descontrolar el mundo y hacer de las mujeres esas criaturas raras que NADIE (ni ellas solas) se comprenden.
En fin, hoy es de esos días que ando destilando estrógeno. Por ende, mi cerebro no se calla, no, no, no... No se calla.
Sinceramente envidio a los hombres y su simplicidad; aquella bola de feministas que dijo que ser mujer era lo más lindo del mundo por andar pariendo criaturas, poder ponerte todos los tacones que se te plazcan y ser seres con poderes de "multitask" nunca tuvo que lidiar con un dolor de vientre insoportable, una cabellera con complejo de Yoko Ono y tener que retener más líquido que un camello. Y de remate tener que lidiar con una bola de hormonas que son como duendecitos que viven en tu cerebro sentándose y bailando quebradita sobre todos los controles que manejan este endemoniado cuerpo.
Pero bueno, esta ha sido la tercera llamada, repito, tercera llamada. A ver con qué estado de ánimo amanezco mañana.