sábado, 14 de abril de 2012

Todos los hombres son iguales.

A ver… ¿Cómo le explico?...

NO.

Sí, señoritas, así de simple. Estas criaturitas extrañas, que para nosotras parecen todos el mismo atajo de cavernícolas machistas, que pululan en busca de contacto sexual y otro tipo de morbosidades; no son iguales. Aunque la mayoría se pueden clasificar dentro de estereotipos no tan extensos, cada criaturita de estas es única, con manías y costumbres únicas.

Vaya usted a saber si la mamá tuvo la paciencia de criarlo bien y vaya usted a saber si al tipo le caló o no la crianza.

No todos los hombres son malos.
No todos los hombres son machistas.
No todos los hombres son sexopatas.
No todos los hombres se vuelven alienados mentales al ver futbol u otros deportes.

No, no y no.

Si a usted, mi estimada, solo le salen patanes, entonces déjeme decirle, amiguita, que usted (si, usted, la que está sentada detrás de ese monitor, visualizándose vistiendo santos o diciéndole adiós al tren), USTED, es la del problema.

¿Pero, cómo carajos?

Simple, así como los hombres, simple. Nosotras, somos como barquitos en altamar, de aquellos que navegan con banderas diferentes, banderas de paz, banderas de pesca, banderas de pirata, de lo que sea; nosotras andamos así, navegando con banderas diferentes por la vida, banderas de soy una soltera que se caga por casarse, banderas de soy puta, banderas de hoy solo quiero levante, banderas de tengo novio no te me acerques, banderas de soy una pinche amargada que no quiere nada de la vida, o banderas de la vida no me importa un carajo y que venga lo que sea. Y según la bandera que carguemos por la vida, así se acercaran los hombres, a ver qué sacan de ese barco que están a punto de abordar.

¿Pero si soy la Santa Paloma de la Paz, por qué solo me salen patanes?

No mi niña, el hecho de que usted sea buena, no la aleja de los hombres malos, es más, nunca hay que revelarle a un hombre nuestra santa bondad de buenas a primeras, siempre hay que dejar una pizca de misterio, pero si usted, de buenas a primeras, le sirve todo en bandeja de plata a quien no conoce, créame, le puede dar cubiertos de plata a quien solo come con las manos. Hay unas cuantas desesperadas por ahí, con las ganas de describirle la ceremonia de la boda civil, religiosa, la mesa de regalos, la casa y el nombre de los cuatro hijos, 3 perros y 2 pericos al primer galán que las flechó, pero no mis estimadas, eso solo los aleja en jetski a toda velocidad de ese barco al que recién subieron a bordo.

Hay que evaluar seriamente cada una de nuestras actitudes a la hora de sacar nuestra bandera. No espere conocer al príncipe de España en una discoteca, arrastrándose (el o usted) de borracho a las 3 de la mañana, o en el peor de los casos, comprándole tragos e invitándola a bailar, (porque si es así, #FELICIDADEStelaquieremeter). Los hombres no buscan a la mujer de su vida bailando reggaetón, y haciendo el show de las amigas más cool en pleno dancefloor. Sea realista, esta mierda no son películas de Hollywood.

La verdad, el tema es amplio, pero la lección es simple: Saber qué quiero.

Deje de tirarle la alfombra roja a cuanto tipo conozca, y apague el switch de la zona enfermizamente fantasiosa del cerebro. Conocer un hombre no es la primer maravilla del mundo, es simple naturaleza humana. Hay que tomarse el tiempo de conocerlos, quitarnos la gana de estereotiparlos, quitarnos la pinche gana de quedarnos con el chico 'malo y rudo' y quitarnos la enfermiza manía de sacar a escobazos al pobre romántico que SI tiene buenas intenciones.

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